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Inspiración y transpiración

SAMUEL TRIGUERO ÁLVAREZ COORDINADOR DEL ÁREA DE INNOVACIÓN EN LA GESTIÓN

En lo que a las estructuras organizativas se refiere, hemos pasado ya el boom de las estructuras individualistas en las que se fomentaba principalmente la brillantez de las ideas de las personas y, también, la etapa de las megaestructuras y los grandes equipos de investigación. De alguna manera, estos dos sistemas se han revelado insuficientes.

Inspiración y transpiración

Cuando una organización tiene el reto de innovar de una manera sostenida en el tiempo, está obligada a dotarse de una estructura organizativa que reconozca y combine, de forma inteligente, estos dos perfiles profesionales

En un mundo como el actual, cada vez más global e interconectado, en el que fluye más rápido el conocimiento que nuestra capacidad para asimilarlo, es la combinación entre la iniciativa personal y el trabajo colectivo en una organización, lo que se revela como la mejor fórmula para crear redes de innovación y desarrollo rápido.

La combinación de lo mejor de dos polos aparentemente opuestos; por un lado, la PERSONA, su pasión, su intuición, su capacidad única como ser humano de concebir en su cerebro ideas que pueden convertirse en cosas innovadoras, y, por otro, una EMPRESA, con sus rutinas, sistemas y métodos establecidos para coordinar equipos con diferentes capacidades y atribuciones.

En otras palabras, la unión entre la inspiración del individuo y la capacidad de una organización para desarrollar estas ideas con el objetivo fundamental de realizar innovación de forma sistemática. Las organizaciones que no aborden esta línea estratégica, la innovación, difícilmente podrán afrontar el futuro con garantías.

Es pues, la conexión afortunada de esos dos mundos, individuo y organización, el verdadero reto de los próximos años.

Desde la óptica que nos ocupa en este artículo, podemos distinguir dos tipos de perfiles profesionales: los que conciben excelentes ideas continuamente, pero no son capaces de desarrollar ninguna de ellas de forma completa. Se trata de esas personas que tienen una gran capacidad para lanzar ideas innovadoras, pero que, si luego son puestas al frente de un equipo, se diluyen y se pierden. Por otro lado, tenemos a aquellas que reciben un encargo y lo trabajan hasta el último detalle. Carecen de ese talento innovador de las primeras, pero son perfectas para formar parte o dirigir un equipo cuya misión sea desarrollar y sacar el máximo provecho de los proyectos concebidos por las primeras.

En definitiva, estamos hablando, en el primero grupo, de INSPIRACIÓN y, en el segundo, de TRANSPIRACIÓN.

Cuando una organización tiene el reto de innovar de una manera sostenida en el tiempo, está obligada a dotarse de una estructura organizativa que reconozca y combine, de forma inteligente, estos dos perfiles profesionales.

Sería un error pensar que todos pueden hacer de todo de manera excelente. Una buena gestión del talento aconsejaría fortalecer las características de ambos perfiles profesionales y diseñar una estructura organizativa que asegurase su combinación. Sería un error pretender que una gacela trepase a los árboles con la habilidad de un chimpancé, y que éste último corriera veloz por la sabana cual gacela.


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