El momento de las ideas
La ejemplaridad de los líderes, su capacidad de asumir riesgos, su apertura de miras, la confianza que sean capaces de generar tanto en las personas de la organización como en su entorno, favorecerá el aprovechamiento del potencial de ideas que nos rodea
Dentro del proceso de innovación, nos encontramos, irremediablemente, con la fase en la que las personas de la organización deben enfrentarse al “papel en blanco”, a lo no conocido, a esa situación en la que las referencias son pocas, las oportunidades muchas (también de fracasar) y en la que siempre asoman determinadas actitudes que, amenazadas por el cambio que se intuye, están dispuestas a hacer lo necesario para que todo siga igual. Es por tanto, un momento organizativo crítico. Es aquí cuando más falta hace un liderazgo innovador, un liderazgo que favorezca el proceso de cambio, que mantenga “a raya” a las actitudes inmovilistas, que sea capaz de suspender el juicio precipitado y garantice el espacio necesario para que lo posible y deseable ocurra.
Esta fase de generación de ideas, en un entorno innovador, debe ser una labor continua, no tiene necesariamente que existir, en la organización, una necesidad de generar algún nuevo proyecto, producto o servicio, ya que el objetivo consiste en poseer una arsenal de ideas, un banco de bosquejos que algún día podrían ser útiles.
Generalmente, el éxito de un nuevo producto o servicio es el resultado de cientos de ideas previas. La capacidad para concebirlas se halla ampliamente difundida entre las personas de la organización, entre los clientes y proveedores, en definitiva, el potencial de generación está ahí, el reto es saber gestionarlo, orientarlo, utilizarlo. Desgraciadamente, todavía son pocas las organizaciones que tienen establecidas rutinas o procedimientos que faciliten la generación, recogida y evaluación de ideas, así como asignada la responsabilidad.
En general, podemos identificar dos grandes conjuntos de fuentes. Por un lado, la propia organización, personas de las diferentes áreas o departamentos que, independientemente de su función y posición dentro de la organización, atesoran una experiencia y visión “únicas”. Cada una de ellas reflejará una forma de ver, de observar la realidad, condicionada por su experiencia y por su presente, por su formación y por sus habilidades. Este enfoque, “de dentro hacia fuera” supone un potencial pocas veces aprovechado por las organizaciones. Sin embargo, está ahí, a nuestro alcance. No requiere de grandes inversiones para utilizarlo, pero sí de audacia y talento directivo.
El otro gran grupo de fuentes para la generación de ideas, tiene que ver con el entorno de la organización (enfoque “de fuera a dentro”). Así, podemos mencionar al cliente, a los no clientes (tantas veces olvidados), a otras organizaciones de nuestro sector o de otros sectores (también eternos olvidados), acercamiento a experiencias e iniciativas novedosas, emergentes, radicales que, aunque no les encontremos una conexión obvia con nuestra actividad, nos pueden poner en la pista de lo que pudieran ser nuestras opciones de futuro. Por supuesto, no debemos olvidar todo lo que tiene que ver con publicaciones de carácter general y especializado, investigaciones, tesis doctorales, conocimientos “de frontera” cuyo análisis detallado nos puede sugerir ideas aprovechables.
Parece, entonces, que las oportunidades nos rondan, tanto a nuestras organizaciones, como a todas las demás, ¿por qué sólo unas pocas las saben aprovechar?
Decíamos antes que, una vez más, el liderazgo de la organización se revelaba determinante. Podríamos hacernos algunas preguntas “incómodas”:
- ¿Cuál es la actitud de los líderes respecto a las nuevas ideas, al cambio y a la innovación?
- ¿Cómo fomentan y apoyan la creatividad, los nuevos enfoques prometedores?
- ¿Cómo entienden y “viven” su función directiva?
- En el mundo actual, ¿es admisible un liderazgo que no apueste decididamente por la innovación?
Sin duda, la ejemplaridad de los líderes, su capacidad de asumir riesgos, su apertura de miras, la confianza que sean capaces de generar, tanto en las personas de la organización como en su entorno (clientes, proveedores, aliados,…) favorecerá el aprovechamiento del potencial de ideas que nos rodea.
Para finalizar este artículo, me gustaría recordar una frase atribuida a Alexander Graham Bell que dice así: “Desvíate de vez en cuando del camino trazado y adéntrate en el bosque. Cada vez que lo hagas, descubrirás algo nuevo”.
Si les preguntáramos a esos perfiles que temen el cambio, que luchan denodadamente por que todo siga igual, seguro que nos aportarían otra versión de la frase. Quizás, nos dirían algo así: “Ni se te ocurra desviarte del camino trazado. He oído que alguien lo hizo una vez, y fracasó. Además, ¿por qué complicarse la vida”.
Mi voto para Graham Bell.